Piñatas que preservan raíces: el oficio de María Arcelia Cruz Robledo

Piñatas que preservan raíces: el oficio de María Arcelia Cruz Robledo

Una tradición que revive en cartón y color uno de los oficios más importantes de la cultura mexicana sobre todo en la época decembrina. Es sin duda el oficio de hacer piñatas, de esas le dan color a las posadas y alegría a chicos y grandes cuando de ellas salen disparados los dulces.

Originaria del barrio de Santa Elena, María Arcelia o “Celia” como la conocen los vecinos, comenzó en este oficio en el año 2005 cuando sus hijos aun cursaban el kínder. Desde entonces Celia descubrió en las piñatas un modo de aportar celebración con sus propias manos. De acuerdo a sus palabras, lo que comenzó como una necesidad, ante la falta de dinero para un regalo de cumpleaños, se convirtió en un oficio y con el tiempo en un modo de vida.

En su casa en el barrio de Santa Elena en Lagos de Moreno. Celia con su creatividad da forma al cartón y papel de colores transformándolos en hermosas piñatas tradicionales de picos navideñas, de figuras de personajes, de decoraciones alegres para todo tipo de fiesta. Qué, en manos de una niña o niño con los ojos vendados, se rompen para liberar dulces, risas y tradición.

Más de dos décadas después, su taller sigue activo, tanto así que en temporadas altas como navidad o día del niño llega hacer 25 o 30 piñatas diarias. A veces ella sola, otras, con la ayuda de su hija, su hermana, su esposo.

En las manos de Celia sigue viva la memoria y el valor de un oficio que ha existido en la cultura mexicana desde hace varios siglos. Para Celia, este trabajo representa mucho más que ventas, representa dignidad, identidad y orgullo. Pues como ella relata, aunque nunca pudo asistir a la escuela por “ser mujer”, aprendió lo necesario por las noches, copiando las lecciones de sus hermanos. Sin dejarse desanimar, sino al contrario consciente de que sus manos, su creatividad y resiliencia la podían llevar a crear un mejor futuro.

Con su oficio demuestra que lo aprendido en silencio también puede dar fruto, “Me siento orgullosa” dice: orgullosa de su trabajo, de sus esfuerzos, de mantener viva una tradición que a pesar del paso del tiempo aun ilumina, fiestas, rostros y hogares, como hace 20 años.

En cada piñata hecha a mano, hay color, ilusión, cultura y muchas horas de trabajo que sostienen hogares como el de Celia y de muchos otros mexicanos. El oficio de hacer piñatas se niega a desaparecer. Y hay, sobre todo, muchas historias de vida que dignificar lo artesanal, como lo es la historia de María Arcelia Cruz Robledo.

Para estas épocas de posadas y festejos navideños si alguien desea adquirir piñatas hechas con amor por manos expertas llenas de memoria e historia, pueden acudir al domicilio Santa Elena #589-C o bien marcar a los números 4741105178 y 4747381974.

Tatiana Sánchez Collazo

Entrevista y redacción

Antropóloga y cartonera, cradora de Amatl-Art